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miércoles, 7 de diciembre de 2011

El día que conocí a Chema Figueres


Era un Diciembre de 1993, Zapote. Las fiestas estaban en lo más duro, la gente aún podía ir y no salir tan asaltada ni garroteada, la comida de dudosa calidad sanitaria, la birra abundante, no existían los mega bares, el Chirrite no había nacido pero los improvisados vacilaban en el redondel - siempre quise mandarme pero me ganó la pendejada - 

Para esas fechas vivía muy cerca del lugar y no me daba pereza ir a ese mosquero. Jalaba con los compas a tomarme unas birritas, muchas, por que no los juegos mecánicos no me llaman la atención.
En la esquina noroeste del redondel, sobre la calle principal había un barcillo de mala muerte, el mejor lugar para comprar birras y cigarros a buen precio. Una noche estaba haciendo fila para entrar al bar y me llamó la atención que un gran grupo de gente se reunía alrededor de un sujeto no divisible en media calle, me subí al techo de un carro y lo reconocí, era Don Chema en plena campaña electoral compartiendo con el Pueblo.
Con la alegría del guaro pegue un grito "Chema!" - él se volteo hacia mí y me devolvió el grito "Hey" dijo. Me baje del carro y lo fui a saludar, par de palmadas en la espalda y una sonrisa solida debajo del bigote.

[ Conversamos un buen rato, discutimos sobre política, cambios económicos, seguridad nacional, riesgos y redes sociales, de Madrid, el futuro, la telefonía celular y pantallas táctiles. Quedamos de vernos al día siguiente en Chelles donde cantamos hasta el cansancio, el lugar se volvió nuestro punto de encuentro. Eramos conocidos del lugar, el mesero nos tenía preparados el cafecito con tamales, Chemita siempre repetía.
A los meses, quedó presidente, nos fuimos a celebrar a la Perla terminando la fiesta en la Bodega. Lo que no sabíamos es que la agenda presidencial nos obligaría a parar la fiesta. La amistad empezo a enfriarse.

Pasaron los meses sin tamales ni café. Un día cualquiera Chemita me llamó y me contó que se había ganado una harinilla con un camarón, que cobraba y jalaba por un ratillo, la razón no lo recuerdo, fue la última vez que hablé con él, entre lágrimas nos despedimos. ]
No sé por que pero ese encuentro en Zapote tan insignificante, tan nada me hizo creer en él, ya sea por la época navideña, el guaro o mi juventud pero por primera vez me sentí con ganas de votar, nunca había ejercido ese derecho. Como muchos confíe en él y apoye su candidatura, se convirtió en Presidente. Su gobierno fue duro, sus méritos no los recuerdo, sus títulos, los avances que logro en el país, lo que si recuerdo es el caso Chemise, Alcatel, el Banco Anglo, INCOFER entre muchos otros.

La realidad y la ficción solo se separan por palabras, lo importante esa saber separar una de la otra.