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jueves, 15 de septiembre de 2011

De mordiscos y renacuajos



Karina fue mi primer amor. No recuerdo el día que la conocí o cómo, no hubo chispas ni mariposas, no se detuvo el tiempo ni hubo música de fondo. Nada de eso existía y creo no son de generación espontánea, es mas un efecto cultural que la Tv  aun no me había implantado.

Yo no sabía que sentía ni por que lo sentía - pero esos ojos verdes y su pelo lacio, castaño causaron un desastre en mí. Desde ese momento deseaba que ella estuviera presente en todos mis momentos memorables, aunque tuviera que seguirla como si fuera mi nuevo ecosistema.


Mi primer y único gol, el día subiendome al estañon me quebré el brazo, cuando perdí el dije de Jade que me regalo mi abuelo. La colección de piojos, renacuajos y sapos. El tanque de gasolina del director, las aulas de piano y contrabajo de conciertos. Las guerras con bombas de agua... Cada bolincha ganada fue en su honor y yo esperando que dicho triunfo la tumbara en mis brazos..


Mi magnífica representación de un árbol en Uvieta y el concierto de flauta que fingi tocar escondido entre los demás compañeros. 

Fue una época en la que, desde lo alto, ella cazaba mariposas y yo escupía al suelo fascinado con la trayectoria de los misiles acuáticos detruyendose contra el polvo. No sabía como decirle que me gustaba, no sabía que me gustaba! Yo solo quería importarle pero terminaba estrellandome como una escupa contra el suelo.

Para llamar su atención la perseguía en los recreos, a veces la pellizcaba y creo que la mordí en al menos dos ocasiones, su sonrisa era un imán, aunque cuando estaba cerca nunca lo hacía.


Ella creía que estaba loco. Yo no sabía que lo estaba pero sabía que fuera lo que fuera era por ella.

En tercer grado me expulsaron por pasar mas tiempo escapado, tocando piano y pensando en Karina que estudiando disciplinadito. Fue como si me mudara de continente. Me cambiaron de escuela sin oportunidad de despedirme. 

La nueva escuela no estaba mal a pesar que no habían bolinchas, árboles de mango, mariposas ni renacuajos. Tampoco estaba Karina. A los años resultó ser que su papá era muy buen amigo de mi papá y sin esperarlo nos encontramos...Después de tantos años me dí cuenta que había logrado dejar mi marca en su vida pues al verme salió corriendo sin siquiera decirme hola, se escondió detrás del papa y no hablamos ni media palabra... Eso no importó por que yo seguía magenticamente perdido en sus ojos.